lunes, 1 de agosto de 2011
La atmófera a tratar.
Adentrarme en lugares tan poco usuales como esos, me hacían sorprenderme de lo que lo simple podría llegar a lograr. Mis ojos recorren las paredes analizando cáda escama que encintada se adhieren a las paredes y resoplan suavemente con el perfume que se siente; es aquella luz cálida del velador que abraza aquel foco de energía revistiéndola con aquellas hebras de un color clásico y hasta dulce hace que todo tome un color diferente; la entrada de la noche se acerca, y no hay nada mas precioso que apreciar ese momento con todo el detenimiento que se le pueda poner. En segundos, tocar los vidrios de las ventanas apenas con los dedos, es comenzar a sentir que quizás el cristal comience a trepar por tus dedos queriéndote hacer sentir aquel miedo de que quizás no salga la luna; es sentir aquel escalofrío lento que eriza la piel con una dedicación imperdonable, es persivir visualmente cómo la gama de colores de todolo que nos rodea cambia con tan sólo un poco de luz; primero es naranja, y todo lo que nos rodea tambien lo es; en sus tonos mas oscuros o claros, pero es así. Luego se torna rosado oscuro; y en ese momento solamente se experimenta la felicidad irónica de poder reírse de las personas que sin poca gracia se atreven a decir que hay otros seres que no pueden ver la vida color de rosado por siempre; es verdad, no es por siempre. Pero al menos esos 10 minutos son suficientes para decir que se tenía la razón cuando si se podía ver. Y luego por fin, comienzan los tonos azulados, llegando a tocar los negros, y llegando a hacer de paso que algunas cosas no se distingan; sintiendo que lo único que te abraza es la calidez de ya no tocar los cristales mortificados por el frío, las paredes de aquel color miel fuerte hacen que tu piel parezca bronceada, el aire tan cálido te acaricia haciendo que tu piel se relaje entre tantos dulces aromas que como palomas recorren volando por doquier, flotando, callendo, subiendo, bajando, simplemente quedándose allí. La música que atrapante suena como un suave susurro en aquel volumen bajo del reproductor, dándole al ambiente ese toque de perfección que sólo hace que suspires, y suspires, y suspires...con esa sonrisa boba pegada a la cara, esbozado como si fuese una suave pincelada de un ángel intentando hacer arte con nuestros rostros que a nosotros a veces tanto nos descomplace.
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